Nada mas lejos de mi intención que ofender, precisamente hoy, a los laicos, a los ateos y a los que profesan otras religiones. Pero, según la tradición, y siguiendo las creencias cristianas, esta noche celebramos, en nuestra Comarca, en nuestro País, y en nuestro Continente, la “Nochebuena”, es decir, que conmemoramos el nacimiento, hace 2009 años, del Hijo de Dios. Acontecimiento importante para la humanidad porque dio origen a unas creencias, a unos conceptos del bien y del mal, a una cultura, en suma, que ha hecho que hoy seamos como somos y vivamos como vivimos. Fecha además, que constituye el punto de partida del calendario por el que nos regimos en el mundo occidental. No es ninguna casualidad que estas Fiestas de Navidad lleguen en estas fechas. En Europa, cuna de nuestra cultura, estas Fiestas llegan en los días mas cortos, fríos y oscuros del año. A lo largo de los siglos, desde la Prehistoria, se han ido acumulando, en todos los Países, cuentos, historias y leyendas que narran sucesos desgraciados, hambrunas, enfermedades, monstruos y males de todo tipo en esta época. La gente vivía aislada, protegiéndose de las inclemencias como podía, y con poca comida y dominada por el miedo. Por eso, en invierno, cuando se juntaban todos los males, se celebraban ritos que tenían como objetivo el alejarlos o ignorarlos. Y es ese ambiente, triste y tenebroso, el que intentaron combatir las creencias cristianas. La Iglesia, especialista en asumir y transformar los ritos paganos en fiestas y ceremonias religiosas, situó en estas fechas, nada menos, que el Nacimiento del Redentor, del Dios hecho Hombre que debía hacernos olvidar las desgracias y conducirnos a un estado de felicidad eterna. Quienes concibieron la Navidad intentaron cambiar la tristeza por la esperanza. No es un esfuerzo menor. Con el paso del tiempo, la esperanza ha ido transformando los fríos y los miedos del invierno en fiestas y reuniones donde se come, se bebe, se hacen regalos unos a otros, y se canta para expresar la alegría. Los villancicos, típicos de estos días, y las serenatas y murgas que aún abundan en nuestros pueblos, quieren poner de manifiesto la esperanza en las buenaventuras y cosas agradables que deseamos que nos sucedan.
Y está bien que sea así. En momentos de crisis como el que estamos pasando, cuando, cada cual a su manera, andamos preocupados por lo que nos pueda suceder, está muy bien que brindemos por la esperanza. Es la esperanza en conseguir, en llegar, tanto a nivel individual como colectivo, la que nos mantendrá alegres y decididos durante estas Fiestas, ya que nunca llegaremos si no esperamos llegar. Personalmente, a lo largo del año que acaba, he manifestado en muchas ocasiones mi preocupación por cuatro cuestiones que considero fundamentales para garantizar nuestra convivencia, y que tengo la esperanza de que mejoren, o de que, al menos, empiecen a mejorar, en los próximos meses.
En primer lugar, me ha preocupado y me preocupa, de un modo destacado, la cuestión de la educación y formación de nuestros jóvenes. Tengo la esperanza de que, conscientes de ello, los padres, los educadores y los políticos, asuman de una vez su responsabilidad en las deficiencias actuales, y comprendan que “educar” no es solo enseñar a alguien a hacer muchas cosas para que tenga un oficio o un trabajo, sino que consiste en formarle como persona, con conocimientos, creencias y valores que le permitan desenvolverse en cualquier circunstancia de la vida.
En segundo lugar me ha preocupado, y me preocupa, el bajo nivel de formación, cultural, e incluso democrático, de nuestra clase política, en general y a todos los niveles, quizá consecuencia de la mala educación que ha recibido esta generación, y que se manifiesta en los continuos escándalos, descalificaciones sin sentido, argumentaciones y decisiones propias de patio de colegio (público o privado), y en el abuso de los recursos al juzgado, prueba evidente de su incapacidad política. Espero que, en los próximos meses, los Partidos Políticos, fundamentales para la democracia, reflexionen seriamente y sean capaces de proponer los líderes que las gentes de nuestra Comarca, de nuestras tres Provincias (que no Comunidad), y de nuestro País, sin duda merecemos.
En tercer lugar me ha preocupado, y me preocupa, el “progresismo” estúpido que se ha puesto de moda, y que se esfuerza en despreciar y desprestigiar todo lo que nos ha hecho como somos, y que enaltece, e intenta presentar como lo mejor del mundo, cualquier cosa que venga de cualquier parte, o cualquier ocurrencia de cualquier iluminado. Espero que, en los próximos meses, la sociedad en su conjunto sea la suficientemente crítica como para distinguir lo ejemplar de lo deleznable, arrinconen a los personajes impresentables que nos quieren poner como ejemplo, y rechacen el falso discurso de que “todo es lo mismo”.
Y, por último, me ha preocupado y me preocupa la crisis económica. Crisis económica que, a mi juicio, ha venido precedida por una crisis moral y ética de nuestra sociedad. Superar la crisis económica supone reconocer que no todo vale para ganar dinero, y que el bienestar individual no lo es, no tiene sentido, si no va acompañado de un nivel de bienestar general que permita disfrutarlo. Espero que, en los próximos meses, todos comprendamos que, para salir de la crisis hace falta el esfuerzo de todos, hace falta que cada uno haga bien lo que tiene que hacer.
Y poco mas tengo que decir. Solo recordar una cita de alguien que dijo que “La vida es muy peligrosa. No por los que hacen el mal, sino por los que se sientan a ver que pasa”. Espero y deseo que no se sienten, que pasen la Nochebuena y estas Fiestas con la alegría que da la esperanza, y que se cumplan sus sueños durante el Año 2010.
Cullera, 24 de Diciembre de 2009
Joaquín Rico Casamitjana
Emitido en el Programa “La Firma”, de Onda Cero – La Ribera, el día 24 de Diciembre de 2009.
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